Soy kinesióloga
con 20 años de experiencia, gran parte en el área hospitalaria, especialmente
en UCI. Acompañar a pacientes a volver a moverse después de estar en cama me
marcó profundamente. Entendí que el movimiento no puede ser un castigo ni una
obligación, sino una forma de volver a habitarse, pensarse y reencontrarse.
No concibo mi
trabajo como “corregir” o “mejorar cuerpos”, sino como abrir un espacio para
que cada persona redescubra lo que su cuerpo puede hacer. En este camino he
acompañado a mujeres que llegan con cansancio, culpa o incertidumbre, y he
aprendido que no existen respuestas absolutas, se construyen en el proceso,
porque las verdaderas expertas en nuestros cuerpos somos nosotras mismas.