Por Paola Cervantes, Nutrióloga y Rara de la Clase
Cuando pienso en la menopausia, me vienen a la mente el recuerdo de tantas mujeres que pasaron por mi consultorio queriendo perder peso, frustradas porque lo habían intentado todo y su cuerpo no cedía. Recuerdo que había quienes me comentaban de su insomnio y cómo les afectaba en sus actividades diarias. Había otras que me decían sentirse cansadas, hinchadas y con muchos problemas digestivos. Otras me decían que sufrían terribles dolores de cabeza, en las articulaciones y cambios de humor. Algunos síntomas se repetían, otros eran distintos para cada una, pero todas tenían algo en común: su menstruación era irregular o ya se había ido por completo. Y las escuchaba decir que no reconocían su cuerpo, que la ropa ya no les quedaba y que estaban muy incómodas porque su cuerpo se “rebelaba”.
Cabe aclarar que yo trabajaba como nutrióloga que hacía dietas, y me ponía a la labor de restringirles la comida y buscar la manera de “recuperar” su peso y ayudarlas a “sentirse mejor”. Pero, nada funcionaba, sus cuerpos no obedecían las fórmulas que me enseñaron en la carrera y no había mucho que ofrecerles. Ahora, lo veo hacia atrás y me da tristeza haber sido parte del problema, de lo que este mundo nos hace a las mujeres: pelearnos con nuestro cuerpo, verlo como el enemigo, como ese rebelde al que hay que dominar, sin darnos la oportunidad de entenderlo, aceptarlo y respetarlo.
Por eso, todas llegamos a esta etapa con miedo, con la intención de “controlarla” o incluso “prevenirla”. Yo también llegué así. Pero he aprendido que mi cuerpo no es el enemigo y que no puedo controlarlo.
Yo noto estos cambios: no tengo la misma energía, ni la misma talla de ropa, tengo dolores que antes no tenía y ya no duermo tan fácilmente. Y sí, nada de esto es fácil de aceptar. Pero me he dado a la tarea de ver este cambio con ojos de curiosidad: ¿qué es lo que le pasa a mi cuerpo? ¿para qué necesita hacer estos cambios y ajustes?
Y ahora cuando veo a mujeres en mi consulta o amigas en las reuniones trato de compartirles lo que he aprendido desde la ciencia: nuestro cuerpo necesita hacer estos cambios para sobrevivir. No, no es una “falla”, es la sabiduría de la naturaleza. Y es que un embarazo más allá de los 50 años, tendría pocas probabilidades de éxito para la madre y para el bebé. Así es que necesita que los estrógenos y la progesterona se vayan, aunque esto signifique un gran ajuste para tu cuerpo. No podemos evitarlo y nuestro cuerpo no va a ser el mismo de antes: va necesitar más grasa, a distribuirla distinto, a tener otra piel, otro color de cabello, otras capacidades y eso está bien. Y también he aprendido que el cuidado que necesita es otro: descanso, comida suficiente, chequeos y compasión en lugar de tanta crítica.
El verdadero problema es que la sociedad desecha nuestros cuerpos, porque ya no “cumplen su función”, porque ya no cabemos en esos estereotipos de belleza (¿alguna vez lo hicimos?) ni somos capaces de procrear (¿y qué pasa si no quiero tener hijos?). Pero se nos sigue exigiendo que no se nos “note” y nos rechaza diciendo que nos “dejamos”.
Y no, no estoy diciendo que los cambios de la menopausia sean fáciles, ni que notar que tu cuerpo envejece sea sencillo. Pero los lentes con los que veas estos cambios harán una gran diferencia en cómo convives con este cuerpo tuyo, el que te ha llevado hasta aquí y el que te acompañará el resto del camino.
Además, el cambio no es reversible y solo seguirá acentuándose con los años. Porque esto es envejecer y es parte de la experiencia humana. Y luchar con todas nuestras fuerzas para “disimularlo, ocultarlo o rechazarlo” solo lo hará más difícil a nivel mental y emocional.
Yo no vengo a decirte que esta transición sea fácil, solo te propongo que cambiemos el enfoque de nuestra mirada: tu cuerpo cambia por que lo necesita. Cambiemos la pelea por un camino de reconciliación, de reencuentro y de aceptación. Tú cuerpo ya no es el mismo, pero tú tampoco lo eres. Pero más importante aún, es reconocer que eres más que un cuerpo para ver y producir, tú aportas algo mucho más valioso a tu mundo y a tus seres queridos. Necesitamos mujeres sabias, maduras y envejecidas, sus cuerpos y sus vivencias nos enriquecen a todas, aunque la cultura nos diga lo contrario. Aquí estamos en las Raras de la Clase para escucharte, acompañarte y cuestionarnos juntas. Para vivir estas etapas de la vida desde otros aprendizajes más humanos, respetuosos e incluyentes para todos los cuerpos e historias.
